Tu Misa, tus oraciones, alguna obra de misericordia corporal o espiritual o el rezo del Rosario, todo esto y más puedes ofrecer por su salud y la de todos los que como él hoy se encuentran enfermos y hospitalizados.
El Papa Francisco muchas veces nos ha hablado del poder destructor de la indiferencia, un virus del tipo Caín que suele metérsenos en el alma y nos hace preguntarnos, "¿Soy yo acaso el guardián de mi hermano? ". El anticuerpo a la indiferencia es el amor, el mandamiento que resume todo, el mandamiento que es Dios mismo.
Aleja la comodidad, la indiferencia, la banalidad y únete a los miles en todo el mundo que hoy se arrodillan a rezar.